Un Ventrílocuo llamado consumismo
Lina Vanessa alejo Giraldo 11b
En la sociedad nos vemos obligados a seguir un destino controlado por los medios masivos de comunicación que nos manipulan y nos vuelven máquinas consumidoras para darle más capital a los ricos y quitarnos nuestra libertad, autonomía y pensamientos; todo por consecuencia del supuesto progreso y producción que hay en el mundo. Este es un problema que afecta a toda la humanidad en todos los aspectos y que avanza cada vez más y nunca será detenido.
Quisiera comenzar con el primer sujeto que nos persuade, el gobierno. Somos personas que mientras vivimos una vida normal nos vemos afectados por el gobierno corrupto, el cual le da mal uso al poder para obtener beneficios privados, es decir, nos roba. Intentan convencernos de lo “apropiados” que son sus actos para arrebatarnos nuestro capital utilizando mentiras y sobornos, por lo tanto ellos no siguen la constitución pues sus políticas van dirigidas a la parte alta de la sociedad cuando éstas deberían favorecer a los desaventajados; son personas que les hacen falta valores humanos y nunca dejan de ser materialistas; aquí es donde entra un poder mayor, que nos manipula con preguntas, frases, imágenes o tan solo una palabra, la publicidad.
Según los medios, los productos nos embellecen, nos hacen más fuertes, más inteligentes y más populares, ¿quién dice que eso es verdad? Las novedades (las cosas que recién aparecen en el mercado) se aprovechan de los medios de comunicación, como la televisión, radio, periódico e incluso en los paraderos de buses para decir mentiras que endulzan nuestros oídos, nos motivan a trabajar como hormigas para gastar, adquirir e invertir en “bienes” no siempre necesarios, y en este caso la salud es problema aparte, pues ésta se está despreciando. Pasamos horas en el computador, en la televisión y nunca nos damos cuenta del mundo real, tenemos una vida virtual en la que nuestra mente absorbe basura; éste es el claro frío de la realidad, nos utilizan, nacemos, nos alimentamos y crecemos como consumidores, compramos cosas para ser alguien en la vida.
Se ha escuchado sobre el bienestar, y creemos que sabemos sobre este, pero en realidad, tiene tantas definiciones de pensadores, políticos y filósofos que no se puede definir de forma única, pues es el logro de llegar a la felicidad, y esta varia constantemente según la Satisfacción del sujeto. Hay algunas concepciones muy antiguas acerca de lo que es el bienestar, como por ejemplo el Taoísmo, que nos hubiera podido llevar a una vida mucho más sencilla con una mente más pura y abierta y no estaríamos manipulados por el consumismo como lo estamos ahora. El Taoísmo es una ideología creada por Lao Tze en el siglo sexto antes de Cristo; los diferentes principios del Tao se resumen en que el bienestar está en la negación, “el placer está en el no requerir”, es decir la mente humana alcanza el placer cuando su felicidad no se basa en el consumir:
“Cuando el mundo no está de acuerdo con el Tao, los caballos transportan a los soldados a través de los campos; cuando el mundo está de acuerdo con el Tao los caballos tiran de arados a través de los campos. No hay mayor maldición que el deseo; no hay mayor miseria que el descontento; no hay mayor enfermedad que la codicia; pero el que se conforma con lo que posee Siempre será rico”[1]. Principio 46 del Tao sobre el deseo.
Otra concepción que va de la mano con esta corriente de pensamiento es el Epicureísmo en el siglo tercero antes de Cristo. Este plantea que el bienestar está en la restricción, es decir que la felicidad objetivo de todo ser humano está en el placer, y este placer es generado por lo básico: “una cama, comer, la salud. Lo demás es exceso y el exceso es contrario a la serenidad, o a la Ataraxia, como la llamaba Epicuro, que es la esencia del bienestar”[2]. Es decir Epicuro nos propone la austeridad.
El problema actualmente es que el placer es algo inalcanzable pues se basa en que si yo no tengo todo entonces yo sufriré, y tener todo es imposible. Esta idea es la base del consumismo y se originó a partir del Utilitarismo de Jeremy Bentham a finales del siglo dieciocho, este dice que el bienestar está en el exceso:
“buscamos ser felices a través de la máxima utilidad. A mayor nivel de consumo, mayor nivel de utilidad. Más es mejor que menos. En términos de Bentham (un Epicuro distorsionado) el mayor bienestar para todos” [3]
Según esta postura: “todo ser humano se ve inclinado a seguir la línea de conducta que, en su inmediata estimación del caso contribuiría en el más alto grado a su propia felicidad máxima”, es decir que si alguien tiene diferentes opciones para actuar, siempre va a escoger lo más favorable para ella misma, y esa opción que más va a favorecer siempre va a ser consumir.
Y para darle más vida al consumismo se presentan los medios masivos de comunicación que han sido lo más grande, inteligente, cruel y fascinante que ha creado el ser humano y son medios controlados por unos pocos hombres para beneficio de ellos mismos. Nuestros ojos son la ganancia para ellos, y nuestra billetera la sobrevivencia. Las telecomunicaciones son el negocio de matar el aburrimiento y las encargadas de trasmitir mensajes modificados, además son la máxima fuerza de los superiores incluyendo al gobierno. La televisión es una máscara para la verdad, pues transforma las noticias al gusto del consumidor, utilizando el amarillismo y lo irreal que son enemigos de la sinceridad.
Nuestro destino está escrito, si no estudias no trabajas, si no trabajas no ganas dinero y si no ganas dinero eres totalmente invisible para la sociedad, es un círculo vicioso de actividades solo para tener dinero y asegurar el mismo destino a tus hijos. No hay otro modo de sobrevivir sino seguir ese proceso monótono. Y ¿qué objetivo tiene? Nuestro objetivo es avanzar, progresar o bien dicho empeorar nuestro mundo, nunca estamos satisfechos de lo que tenemos, y aun así, teniendo una época perfecta la arruinamos. El mundo ha progresado tanto que nos estamos embruteciendo y volviéndonos perezosos por culpa de las máquinas que supuestamente nos ayudan para una vida fácil, pero nos la están poniendo cada vez más complicado, pues dependemos obligatoriamente de ellas, somos personas que ya no podemos hacernos valer pues ya hemos perdido el interés de hacer las cosas bien y es así como nuestra voluntad está decayendo. Estamos tan expuestos a tentaciones y acosados por conseguir lo que otros tienen que no nos queda tiempo para pensar en nosotros mismos, ni en lo que realmente nos hace felices.
El consumismo junto con la publicidad son una gran fortaleza para corporaciones, empresarios y diseñadores. Lo que no saben o en muchas ocasiones ignoran, es que hacen daño, tanto económico como social, psicológico y laboral. Somos tan ignorantes que dejamos que nos manipulen con propagandas, afiches, noticias para darle un comienzo al deterioro ambiental, no nos damos cuenta del daño que nos hacemos. ¿Qué ganamos? Se podría decir que ganamos un ambiente cada vez más contaminado de tóxicos, ganamos un campo laboral con el que el salario nos alcanza apenas para sobrevivir y lo mejor de todo, un puesto de inferioridad e ingenuidad.
Solo el 1% de objetos producidos por la industria son reutilizados, quiere decir que un 99% de esos objetos son tirados a un gran agujero en el suelo llamados rellenos sanitarios, también pueden ser quemados y luego enterrados, lo que produce una mayor contaminación, además creamos cosas nocivas para nuestra salud, y son un vicio peor que la heroína. Aparece la “obsolencia planificada” [4] encargada de diseñar cosas inútiles para comprar más seguido, como bolsas, trapos, etc. y la “obsolencia percibida” [5] que es el diseño de cosas útiles, durables que es el mayor enemigo de las industrias y corporaciones.
El mal uso de los avances científicos y tecnológicos por parte del consumismo para obstruirnos la visión con una cortina de ingenuidad y estupidez hace que los más poderosos nos manipulen para su beneficio, nuestro estado natural perfecto se terminó a partir de la envidia. Somos animales mediocres con más cualidades negativas que positivas. La publicidad nos ve cara de idiotas, y lo somos por culpa de ellos. Las noticias crean temor a salir de nuestra casa, generan inseguridad con el tema de la moda y etiquetas sociales del ¿Qué dirán?, tales imágenes de características físicas perfectas nos dan a sentir un tipo de inferioridad morfológica, intelectual o moral, logrando una baja autoestima en nosotros, es decir, crean un estereotipo de cómo debemos ser físicamente o cómo debe ser nuestra personalidad para agradarles a los demás, y no estamos teniendo en cuenta que el gusto depende de cada persona, no es único, es decir es algo subjetivo.
A la publicidad no le importa qué efectos traiga sobre nosotros, todo lo que hacen es para ganar más capital, y el capitalismo ignora todo lo que vaya en contra de los procesos de producción y restricciones al libre mercado. Pese a que algunos pocos noten este problema, no pueden hacer nada en su contra pues la cantidad de gente que sigue cegada y que conforma lo que llaman la voluntad de masas, es tan grande que opaca y obliga a los demás a seguirla así sean concientes de que está mal, pues deben sobrevivir. Es necesario que algo suceda, o que la cantidad de gente conciente sea suficiente para generar un impacto considerable sobre este sistema.
Un ejemplo de cómo el Capitalismo aprisiona a las personas sin importar que piensen es el siguiente: Imaginemos un pueblo con diez habitantes, cada uno con una función, por ejemplo uno panadero, otro orfebre etc. Ellos intercambiaban sus servicios al estilo del trueque, pero se dieron cuenta que eso era ineficiente, así que crearon un “Banco” para el pueblo, este banco creó cien monedas para todo el año, y le prestó diez monedas de oro a cada uno, con la condición que al final de ese año le devolvieran una más, es decir once. Teóricamente si todos pagaran al final devolverían ciento diez monedas, pero esas diez monedas extras no existen pues el Banco creó solo cien para todo el año, es decir que tiene que haber al menos uno que va a perder, y su deuda con el Banco va a seguir incrementando sin fin, y es por eso que nunca podremos llegar a una igualdad total.
Estamos forzados a hacer lo que las grandes compañías e industrias nos digan, somos manipulados por la publicidad que tiene el proyecto de crear necesidades falsas como norma importante a la sociedad, descartando lo sentimental sin importar el estado moral, es una competencia de adquirir mayor capital en el que siempre habrá un perdedor, nunca se acabaran las diferencias entre esta misma raza, pero lo que seguro seguirá avanzando van a ser las mentiras que nos enceguecen ante una realidad oscura en la que todos debemos seguir para poder “sobrevivir”, si es que ese vicio de destruir nuestra riqueza natural para obtener lo mejor no nos mata. Somos juguetes de ventrílocuos guiados por personas extrañas que no nos aportan ni nos enseñan nada bueno y siempre esperamos algo nuevo para seguir consumiendo.
[1] Lao Tsé. Tao Te Ching . Edición rusa por Vladimir Antonov. Traducido del ruso al español por
Anton Teplyy y Alfredo Salazar <http://www.swami-center.org/es/text/tao_te_ching.html>. Publicado por CreateSpace.
[2] Modulo de economía. Alejandro Arregocés- Facultad de economía de la universidad de los andes, 2008
[3] Ibid
[4] Leonard, Annie. La Historia Sobre Las Cosas (the story of stuff). http://www.youtube.com/watch?v=OqZMTY4V7Ts
[5] Ibid
Actualizado (Martes, 15 de Septiembre de 2009 19:35)








